La Coctelera

Categoría: Estoy mentalmente enferma

2 Noviembre 2009

La hemivida o semivida (o en inglés half-life; y no, hoy no toca hablar del videojuego por mucho que me guste hacerlo; hoy toca hablar del término físico) se define como el periodo de tiempo que le lleva a una sustancia en descomposición a decrecer hasta perder la mitad de sus propiedades o, incluso (dependiendo de la sustancia), hasta reducirse a la mitad.

El término se emplea muchísimo para sustancias radiológicas, ya que inicialmente se acuñó para describir este fenómeno en compuestos y sustancias inestables. Es también un término muy empleado en sustancias con desintegración exponencial, ya que en ellas el periodo de hemivida se mantiene constante durante todo el proceso de desintegración. Sin embargo, es un término que está abierto a otro tipo de sustancias, como por ejemplo compuestos farmacológicos, o para propiedades no exclusivamente radioactivas.

En el caso que hoy nos atañe, se trata de sustancias monetarias. Es decir, de dinero. Y de cómo determinar el periodo de hemivida en estas circunstancias.

El viernes pasado me apunté a una porra en el trabajo para los euromillones. Ya sabéis, ese juego europeo que consiste en invertir grandes cantidades de dinero para que luego se lleve el primer premio un gabacho (acepción 4).

Del dinero invertido, una vez realizado el recuento de premios, se ha desintegrado exactamente la mitad. La otra mitad la vamos a someter esta semana a un segundo sorteo, a ver qué pasa. De los resultados obtenidos, y tras varias iteraciones (hasta que la fracción resultante tienda a cero, exactamente), podré obtener la hemivida del dinero.

Permanezcan atentos a sus pantallas.

1 Noviembre 2009

Ayer, barbacoa nocturna y de postre tortitas con todo lo que se nos ocurrió. Y hoy... ¡arroz con bichitos!

31 Octubre 2009

Le voy a coger prestado a Isra este vídeo, si no le importa. (Y si le importa, que se joda que le den). Para quitarme la solemnidad de encima, más o menos... que tantas cosas serias ya me están pesando en los hombros. Una, que es débil.

23 Octubre 2009

Bueno, en realidad, más que el poder, es la documentación del ERE. ¡Con cuentas anuales y todo, oiga! Aprovecharé que hoy se pasa mi hermano por casa para preguntarle un par de cosillas de los balances. Que una ha estudiado lo mínimo imprescindible para estas cosas... para después olvidar fruiciosamente, como Yog-Sothoth manda.

19 Octubre 2009

Este fin de semana lo he pasado por tierras jienenses; en particular, visitando esas tres pequeñas joyas ignoradas por muchos que son Baeza, Úbeda y la propia Jaén. Ya volveré a hablar en el blog de ellas más adelante (¡con fotos y todo, señora!), pero hoy quería meterme un poco con el arte contemporáneo.

Hay un pintor ubetense llamado Pedro Arias Moreno, Peris que es muy querido en su ciudad natal. No niego que pueda tener premios o que sus obras puedan ser reconocidas; al fin y al cabo, no soy experta en arte moderno ni por asomo. El caso es que en Úbeda descubrimos, mientras buscábamos un lugar donde cenar después de visitar la ciudad, que se estaba realizando una exposición titulada Exégesis de un naufragio continuo. Así que fuimos a verla.

Bueno, no voy a negar que el impacto visual de su obra se centraba, sobre todo, en el uso del color. Pero tanto periplo me tenía mareada. Además, no sé, a veces se agradece que el artista se curre un nombre un poco más, digamos, excitante para sus creaciones. Lo digo porque ver cuadros titulados Estela para un periplo IV o La cosa negra II hace pensar más en películas de las 3 de la tarde que en arte propiamente dicho.

Independientemente del cuadro, claro. Porque al fin y al cabo un periplo no es más que una trayectoria cerrada, trazada con el pincel. Y hay algunos bonitos, como el de los periplos negros sobre fondo rojo, que queda muy resultón. Pero claro, cuando empiezas a juntar cuadros similares en los que lo que cambias es el color... pues oye, como que te cansas...

27 Septiembre 2009

Cortesía de Muzaraque, perpetrador de la susodicha:

«Hemos traído cuatro millones de inmigrantes en edad de trabajar y les hemos construido millón y medio de casas para que se instalen. Y ahora todos se han quedado en paro...»

24 Septiembre 2009

En la oficina estamos percibiendo últimamente un olor raro. O como diría el vaqui, rarou.

A ver, los baños siempre han olido mal. Más que nada porque el que hizo la fontanería del edificio sabía de fontanería tanto como yo de clonación terapéutica. Así que de vez en cuando se produce un atasquillo y el olor a caca invade nuestras fosas nasales, nuestros cuartos de baño y nuestros pasillos comunes. Y tenemos suerte, ya que estamos en la planta de arriba del edificio. Los de la oficina de abajo se tienen que estar cagando en los muertos del constructor. En los muertos, obviamente, porque cualquiera entra al baño a cagar.

El olor a caca es malo porque una vez degolló mi casa, quemó a mi mujer y violó a mi ganado...

Escatologías aparte, últimamente se percibe un misterioso olor como a pescado (Jacob y Membrillos Asociados, callad, que os veo venir) que sale del baño y que está empezando a invadir la oficina.

Espero que no sea el Gran Cthulhu. Porque como lo sea, y esté reptando a través de las tuberías para acabar con nuestro sufrimiento (el mío y el de mis compañeros de trabajo, claro), cuando llegue a nuestro desagüe y se encuentre el percal se va a cabrear cosa mala.

20 Septiembre 2009

A veces las cosas que no te gustan acaban saliendo bien, y las que parecen habituales, mal.

Tomi llevaba toda la semana dando la brasa con ir a jugar a los bolos. A mí, qué queréis que os diga, la verdad es que no me gustan. Lo de coger una bola pesada y enorme (en relación a las víctimas, quiero decir) y lanzarla contra diez formas estáticas puede estar bien una o dos veces, pero luego se hace repetitivo y a mí me cansa. No sé, hace falta algo más para que me resulte atractivo, como, por ejemplo, que los bolos se muevan o sangren o algo así.

Anoche fue el día elegido. El lugar, finalmente, fue la bolera que hay en el Gran Fiasco Comercial que abrieron a bombo y platillo a las afueras de Alcalá hace tan sólo dos años, y que a día de hoy tiene prácticamente cerrados todos sus locales. No pensaba jugar, pero como te ofrecen dos partidas a buen precio los fines de semana, y éramos muchos, pensé que igual me acababa muriendo del asco y decidí jugar yo también. Y menos mal, porque con nuestro nivel y con el número de personas que éramos, las dos partidas nos duraron tres horas, hasta las dos de la mañana.

Por cierto, nadie se sorprendió más que yo misma cuando, en mi primer lanzamiento, tiré todos los bolos e hice mi primer strike. Yo tengo una máxima en este juego, que es lanzar la bola y ya está, porque ella ya sabe lo que tiene que hacer y a dónde debe llegar. Eso sí, hay que mirarla durante todo el recorrido con el ceño fruncido, para que se motive. Y para que los bolos se asusten y se dejen derribar con facilidad.

Lo cual me recuerda que tengo amigos que a estas alturas no saben que, conmigo, si quieres empezar una guerra, tienes que estar dispuesto a sufrir las consecuencias. ¿Verdad, Koskis? :-P

Después de la bolera, como era tarde y en aquel lugar no había ni un alma (y probablemente apenas un par de locales abiertos, de los poquitos que quedan aún en funcionamiento), decidimos ir a La Garena a tomar algo. Y en qué hora, porque descubrimos que la Policía Local últimamente está en modo recaudatorio. Antes se ponían en el aparcamiento de la estación de tren a vigilar que la gente no hiciera botellón; pero ahora hay como siete coches patrulla en una zona de unos 500 metros. Poniendo multas absurdas; porque mira que había coches que multar por allí. Pero, por lo que vimos, es más divertido poner multas sin sentido y ejerciendo abuso de autoridad. Y prefiero no seguir, porque me cabreo.

(Y no, si os lo estáis preguntando, ni a Ki ni a mí nos pusieron multas).

Bueno, digamos que después de una sesión de aparcamiento y otra de fotos, acabamos en un irlandés donde tenían al pincha cantando rancheras (?) tomando algo, hablando bastante y descargando adrenalina acumulada.

Al final nos fuimos todos a casa sobre las 4 de la mañana, que no es excesivamente tarde, pero después de tanto tiempo sin salir se nota mucho la hora. Y sobre todo, yo volví mucho más tranquila y sin rastro de paranoia. Volverá mañana, claro; pero mañana será otro día.

Sobre El tablón naranja

Algún día, mis pajaritas y yo dominaremos el mundo.


Cthulhu demands...

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